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Full text of "Los carcamales : juguete cómico en un acto y en prosa"

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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT CHAPEL HILL 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 

BU11D1NG USE ONIY 

PQ6217 

v. 251 
no. 1-18 



Vi 




?QU>2 17 



Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hil 



http://archive.org/details/loscarcamalesjug2511guer 



17 5 6 



ADMINISTRACIÓN 

LÍRICO-DRAMATIOA 



LOS CARCAMALES 



JUGUETE CÓMICO EN UN ACTO Y EN PROSA 



ORIGINAL DE 



DOMINGO GUERRA Y MOTA 




MADRID 

CEDACEROS 4, SEGUNDO 



8^ 



w 



LOS CARCAMALES 



ADMINISTRACIÓN 

LÍEIOO-DRAMATIOA 



LOS CARCAMALES 



JUGUETE CÓMICO EN UN ACTO Y EN PROSA 



ORIGINAL DE 



DOMINGO GUERRA Y MOTA 



Estrenado con buen éxito en el TEATRO OERVANTES de Sevilla en la noche 
del 14 de Marzo de 1894 




SEVILLA 



Imp. de Díaz y Carballo, G-avidia 5 
1894 



REPARTO 



ÚRSULA.. . 
LUISA. . . 
PATRICIO . 
EL DOCTOR 



Sra. D. a Dolores Estrada. 

„ „ Pilar Coronado. 
Sr. D. José Treviño. 

„ „ Luis Echaide. 



Época actual 



Las indicaciones están tomadas de! lado del actor. 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su 
permiso, reimprimirla ni representarla en España y sus pose- 
siones de Ultramar, ni en los paises con los cuales haya cele- 
brados ó se celebren en adelante tratados internacionales de 
propiedad literaria. 

El Autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados de la Administración Lírico-Dramática 
de DON EDUARDO HIDALGO son los encargados exclusiva- 
mente de conceder ó negar el permiso de repiesentación y del 
cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



A la Sra. Estrada y al Sr. Treviño 

Jrzesentásteis tos decaimientos de ta veiez en 
dJos Gazcamaks reciencasados de una maneta ad- 
mirante, (di reuma aue impidió vuestros a-brazos; ta 
tos aue cortó vuestras convezs aciones amozosas; riñas 
u vaauedades éuercn tanta verdad, aue etpúvtico 
ai>taudió con entusiasmo u me disteis eí éxito. (Sícep- 
tad poz tanto, amiaos míos, esta peaueña muestra de 
aratitud. 

<8t iutoij. 



mt 



-y 

re 



ACTO ÚNICO 



Habitación bien amueblada. Balcón al foro. Dos puertas laterales á la izquierda. 
Cbimenea en primer término á la derecha y puerta en segundo. Velador en 
el centro hacia la izquierda y otro más pequeño con periódicos junto á la 
chimenea. Dos butacas junto á los veladores. 



ESCENA PEIMERA 

LUISA y el DOCTOR 



Doctor, (sentado.) ¿Cómo se ha pasado la madrugada? 

Luisa. Desde las cuatro están los señores en un sueño pro- 
fundo. No han vuelto á despertar. 

Doctor. Me alegro. 

Luisa. Crea usted, Doctor, que la noche ha sido de prueba. 
Antes que usted viniera, creí que iba á suceder una 
desgracia. El señorito daba unos lamentos tan gran- 
des con el dolor que tenía en la pierna, que me asus- 
taron, y la señorita con aquél ataque de tos tan fuerte, 
creí que se ahogaba. 

Doctor. Esos son achaques déla edad, pero no hay tanto pe- 
ligro como te figuras. Ya has visto como he consegui- 
do el alivio, 



— 8 — 

Luisa. Es verdad. Con los polvos y los paños calientes que 
le mandó usted al señor se mejoró enseguida, y con 
la bebida se le quitó la tos á la señorita. ¡Vaya una 
noche de novios que han pasado! 

Doctor. Y tú con ellos. 

Luisa. Verdad. Dios quiera que la mía no sea igual. 

Doctor. No tengas ese temor. No hay la misma probabilidad. 
Tú tienes muchos menos años. 

Luisa. ¡Pero que manía la de haberse casado tan viejos! 

Doctor. Tú lo has dicho. No deja de ser una manía como otra 
cualquiera. Los viejos y los niños se parecen tanto 
en sus caprichos, que apenas se nota diferencia en 
muchos de los actos que ejecutan. 

Luisa. Pues si mis amos se casan en mi pueblo, la noche hu- 
biera sido mucho peor. 

Doctor. ¿Porqué, muchacha? 

Luisa. Porque le dan los mozos una cencerrada de padre y 
señor mío. 

Doctor. También aquí suelen darse esas cencerradas, pero son 
más raras, porque como esto es tan grande, pasan 
desapercibidos la mayor parte de estos casamientos. 

Luisa. Todavía me acuerdo de la que le dieron al boticario. 
Un carcamal que tenía cerca de los setenta años y se 
casó.... 1 ,, 

Doctor. ¿Con una chiquilla? 

Luisa. No señor, con una vieja como él. En fin, ¿usted ve á 
mis amos? pues aquéllos eran lo mismo. La música de 
cencerros y caracoles duró tres días con tres noches, 
y se acabó porque los novios, en vista del escándalo, se 
fueron del pueblo. ¡Y qué coplas le sacaron! (Riendo.) 
¡Já! ¡já! ¡Qué graciosas! ¡Ay! Me parece que suena 
ruido en la habitación de los señoritos. (s e acerca á la 
primera puerta de la izquierda y escucha.) No me equivoque. 
Ya creo que se están levantando. ¿Quiere usted que 
les diga que está aquí? 

Doctor. Nó. Volveré luego. Ahora no me puedo detener, y 
puesto que se encuentran mejor, voy á ver á un en- 
fermo que tengo en este mismo barrio. Di que luego 



Luisa. 



vendré. Hasta después, (se va por la puerta de la derecha.) 
Vaya USted con Dios, señorito. (Figura arreglar algún 
mueble.) 



ESCENA II 
LUISA y ÚRSULA 

ÚRSULA, (saliendo por la primera izquierda; vestirá traje negro y cofia.) -Bue- 
nos días, Luisa. 

Luisa. Muy buenos, señorita. ¿Se encuentra usted mejor? 

Úrsula. Sí, ya estoy bien, gracias á Dios. 

Luisa. ¿Y el señorito? 

Úrsula, (sentándose en la butaca.) También está mejor. Ya se está 
levantando. 

Luisa. Qué susto me llevé anoche, señorita. ¡Qué mala se 
puso usted con la tos! y luego el señorito con el dolor 
de reuma. 

Úrsula. Eso do es nada. Son ataques que me suelen dar con 
frecuencia, pero pasan pronto. 

Luisa. Más vale así. 

Úrsula. No olvidaré la noebe tan molesta que has pasado por 
nosotros, y ya te recompensaré.... 

Luisa. Señorita, yo no lo bago por eso. 

Úrsula. Lo sé. Pero eres tnuy buena y no te pesará el estar á 
nuestro lado. 

Luisa. Mucba3 gracias. 

Úrsula. Dime, ¿con quién hablabas hace un momento, porque 
creí escuchar...? 

Luisa. Con el Doctor, que vino á enterarse del resultado de 
las medicinas que maDdó. 
¿Y se ba marchado? 
Sí señora, pero dijo que volvería luego. 
Está bien. Vé preparando el almuerzo para cuando te 
se pida, pero oye, antes ven acá, ven acá. Arréglame 
UU poco esta cofia. (Luisa figura arreglar á Úrsula.) Así, trae 
aquel espejltO. (señala un pequeño espejo que estará sobre un 

2 



- 10 — 

mueble.) A ver, á ver. (Mirándose al espejito.) No está mal. 
¡Eh! No tires tanto. 

Luisa. ¿La he lastimado á usted? 

Úrsula. Nó, pero me suele doler la cabeza cuando se rae toca 
mucho al cabello. 

Luisa. Y que lo tiene usted muy hermoso. ¡Ya lo creo! 

Úrsula, (sin dejar de mirarse ai espejo.) Siempre lo he cuidado mu- 
cho. Por eso lo conservo en tan buen estado. 

Luisa. Es natural. 

Úrsula. (Dejando de mirarse.) ¿Cómo si es natural? ¿Qué te has 
figurado? 

Luisa. Nada, señorita. Digo que habiéndolo cuidado es natu- 
ral que lo conserve. 

ÚRSULA. ¡Ah! Vamos á ver. (Entrega el espejo á Luisa que después de 
colocarlo en su sitio vuelve al lado de Úrsula.) ¿Que tal me en- 
cuentras? 

Luisa. Muy bien, señorita. Parece usted una muchacha de 
veinte y cinco años. 

ÚRSULA. (Dando con la mano un golpecito cariñoso en la cara á Luisa.) 
¡Aduladora! (con mimo.) No me engañes; si ya sé yo 
que soy una vieja y.... 

Luisa. Será lo que usted quiera, pero á la edad de usted hay 
otras que.... 

ÚRSULA, (interrumpiéndole y en tono de convicción.) ¡Ah! no, no; 6S0 
sí, eso sí. Hay otras á quienes no se les puede mirar, 
(con alguna coquetería.) Yo no tengo más que estas dos 
arruguitas. (señala las sienes.) 

Luisa. Pues mire usted lo que son las cosas; esas arrugas la 
hacen á usted gracia, porque le dan así una poquita 
de sombra á los ojos y.... 

Úrsula, (con alguna alegría.) ¿Me favorecen, eh? 

Luisa. Mucho, ya lo creo. 

Úrsula. ¿A que no aciertas la edad que tengo? 

Luisa. Nó, señorita, no sé.... 

Úrsula. Pues como á mí no me gusta ocultarla, porque eso es 
una tontería, te la diré. He cumplido los sesenta años. 

Luisa. ¡Ay señorita! ¿No es broma? 

Úrsula. Nó, no es broma, es la verdad, y ya ves, anoche me 



— 11 — 

casé. Me encuentro muy ágil y no me cambiaría hoy 
por ninguna muchacha. 

Luisa. Encontrándose bien.... 

UrsuLA. Ya se vé, y además si fuera una muchacha no me hu- 
biera podido casar con mi Patricio, porque no me hu- 
biera querido. El tiene sesenta y cinco años, y así re- 
sultamos de la misma edad próximamente, que es lo 
que él deseaba. 

Luisa. Se conoce que la quiere á usted mucho. 

Úrsula. Y yo á él también. Por eso estoy contentísima con mi 
nuevo estado. 

Luisa. Dios quiera dar á usted una lunado miel tan larga 
como para mí la deseo. 

Úrsula. Gracias, Luisa. Y yo te aconsejo que no te cases muy 
joven, sino cuando tengas como yo una gran espe- 
riencia del mundo. 

Luisa. (sonriendo.) ¿Tan tarde, señorita? ¿Y si luego no en- 
cuentro con quién? Es necesario también aprovechar 
una ocasión. 

Úrsula. ¿Tú crees que yo no las he tenido antes? Pues sí que 
las he tenido,- pero quizás si me hubiera casado en- 
tonces, no hubiese sido tan dichosa como hoy. Anda, 
anda á preparar el almuerzo. 

LUISA. Voy, señorita, (se va segunda izquierda.) 



ESCENA III 



URSULA y PATRICIO 



.PATRICIO. (Saliendo por la primera izquierda. Vestirá batín y gorro.) ¿babes 
que ha desaparecido como por encanto el dolorcito de 
la pierna? Es mucho Doctor ese. Es una eminencia. 
Tiene remedios heroicos, verdaderamente heroicos. 
¿Ves? (Moviendo un poco la pierna.) Ya puedo moverla con 
toda facilidad y nada, nada, no me duele. Estoy de- 
seando verlo para darle un abrazo. El picaro quedó 
en volver y.... (se sienta en la butaca cerca de la chimenea.) 



— 12 - 

Úrsula. Si ya ha estado aquí, pero estábamos durmiendo, y 
según me ha dicho la muchacha, volverá luego. 

Patricio. ;Ah! ya. Me alegro, ma alegro. Con eso lo invitaremos 
á que almuerce con nosotros, digo, si tú no opinas de 
otro modo. 

Úrsula, (con cariño.) Yo quiero lo que tú quieras. Bien sabes 
que tu voluntad es la mía. Lo que tú ordenes me pa- 
rece muy bien, Patricio mío. 

Patricio. Ajajá. Así rae gusta. Pero tú no ignorarás que tus 
deseos han de ser siempre satisfechos, pichoncita mía. 
Vamos á ver ¿has mandado preparar el almuerzo? 

Úrsula. Sí, anoche di las órdenes á Luisa para la compra. Ve- 
remos si te gusta lo que se ha traído. 

Patricio. ¡Pues no me ha de gustar! ¡El primer día que vamos á 
comer juntos! Todo me va á saber á gloria. Vaya, ya lo 
creo que todo me va á saber á gloria. ¡Estar á tu lado 
con tanto como yo te quiero! Ursulita, dame un abrazo. 

Úrsula. Patricio, ¿vendrá la muchacha? 

Patricio. ¿Y qué importa? 

Úrsula. Nó, no está bien que vea.... 

r ATRICIO . (Levantándose corre con pasos muy cortos hacia la segunda puerta 
izquierda, miía hacia el exterior y vuelve con la misma carrerita 
á donde está Úrsula, haciendo muestras de alegría.) Nada, no es- 
tá por el pasillo. Anda, anda, monina. (ursula se pone de 
pie. Van á darse el abrazo, pero se detienen figurando sentir él un 
fuerte dolor en la pierna y ella un golpe de tos.) ¡Ay! ¡ay! ¡ay! 

Úrsula. (Tosiendo.) ¡Ején! ¡ején! ¡ején! 

Patricio. Otra vez el dolor. ¡Ay! ( Se sienta en la butaca.) 

Úrsula. Patricio, la tos otra vez. ¡Ején! 

Patricio. Ya va pasando. 

Úrsula. ¡Vaya por Dios! 

Patricio. No te asustes. Ya pasó. Esto do ha sido nada, (intenta 

levantarse haciendo esfuerzos.) 

Úrsula. No te levantes. 

PATRICIO. Si ya puedo. (Haciendo un esfuerzo y levantándose.) Ajajá. 
¡Qué cosa más rara! Una punzada y luego nada, que 
puedo hasta saltar. Mira, mira como salto, (üá unos saiti- 
tos sin levantar apenas los pies.) 



— 13 — 



Úrsula. 

Patricio. 

Úrsula. 



Patricio. 
Úrsula. 
Patricio. 
Úrsula. 



Patricio. 



(Asustada.) No te vayas á caer. Ten cuidado. 
(Quejándose con pena.) ¡Ay! no es posible. ¡Pícara pierna! 

(Levantándose ayuda asentar á Patricio.) Siéntate, Patricio. 
Así, no te muevas. (Tosiendo.) ¡Ején! ¡ején! ¡ején! (se vuel- 
ve á sentar en su butaca.) 
Pobrecita, vuelve la tos á molestarte. 
Un poco, pero ya se quitó. 
¡Qué pierr.ecita! Ya r.o me duele. 
Pues quieto un rato para que se alivie del todo. Aho- 
ra vas á tomar otro papelillo de los que recetó el Doc- 
tor. (Toca un timbre que habrá sobre el velador.) 
Bueno, lo que quieras. 



Luisa . 
Úrsula. 



Luisa. 
Úrsula. 



Luisa. 



ESCENA IV 
DICHOS y LUISA 

(Por la segunda puerta Izquierda.) ¿Qué manda la señora? 
En la mesa de noche del dormitorio están los pape- 
litos que recetó el médico; echas uno en una poca de 
agua y la traes. 
Está bien. 

Espera. Allí está también la botella con la bebida pa- 
ra la tos. En otro vaso pones dos cucharaditas y tráelo 
todo. 
Voy enseguida, (vase por la primera izquierda.) 



ESCENA V 
ÚRSULA y PATRICIO 

Úrsula. Verás como desaparece la molestia. 

Patricio. ¡Ay Úrsula! Esta picara (señalando la pierna.) es la única 

cosa que viene á perturbar mi felicidad. 
Úrsula. Pues pronto te pondrás bien del todo. No lo dudes. 
Patricio. Dios te oiga, Ursulita, porque de ese modo seremos 

completamente felices. 



— 14 — 

Úrsula. Es verdad. 

Patricio. Sí, seremos dichosos porque tenemos edad para cono- 
cernos. Yo nunca me hubiera casado joven, porque el 
matrimonio es uno de los actos más trascendentales 
que realiza el hombre, y debe verificarlo cuando la 
esperiencia le ba hecho conocer la vida, porque de 
este modo se asegura un porvenir tranquilo. 

Úrsula. Dices muy bien, Patricio mío. 

Patricio. Lo contrario es una locura. He visto muchos ejemplos 
de matrimonios desgraciados por haberlo hecho antes 
de tiempo. 

Úrsula. Y yo también. 

Patricio. Niños sin esperiencia que no saben dirigir una casa 
ni resolver las dificultades del estado, verdaderos 
monigotes que danzan de un lado á otro á capricho 
de su misma ignorancia. 

Úrsula. Todo eso es muy cierto, y por lo mismo yo siempre 
he pensado como tú. 



ESCENA VI 
DICHOS y LUISA 

L-UISA. (Por la primera izquierda con dos vasos.) Aquí están IOS vaSOS. 

Úrsula. Dame el mío; al señorito el suyo y márchate. 
Luisa. (Entregando los vasos.) Vaya; tome usted, señorito. (s e va 

por la puerta de la derecha.) 



ESCENA VII 

ÚRSULA y PATRICIO 

Patricio. ¿No es verdad que tengo razón al pensar de este modo? 
Úrsula. Ya se vé que la tienes. 

Patricio. Por eso ya nosotros de ninguna manera podemos en- 
gañarnos, sabemos cada uno cual es el pie de que co- 



15 



Úrsula. 

Patricio, 

Úrsula. 

Patricio. 

Úrsula. 

Patricio. 

Úrsula. 

Patricio. 

Úrsula. 
Patricio. 



Úrsula. 

Patricio. 

Úrsula. 

Patricio. 

Úrsula. 

Patricio. 

Úrsula. 
Patricio 
Úrsula. 



Patricio, 

Úrsula. 
Patricio 



Úrsula. 
Patricio 



jea el otro, puesto que los años nos han abierto bien 
los ojos y conocemos perfectamente las flaquezas hu- 
manas. 

Te escucho y soy feliz. Patricio mío. Dios me ha con- 
cedido un marido como yo lo había soñado. 
¿Estás contenta? 
(con alegría.) Muchísimo. 

Y yo también, yo también. (Queda pensativo. Pausa.) 
¿Qué piensas que te has quedado tan callado? 
Pues en.... 

(con curiosidad.) ¿En qué? 

(con alegría y á media voz.) En un Patricio pequeñito, 
muy pequeñito, ¡rubio!... 
(Ruborizada.) ¡Ay, no me digas eso! 
(Animándose y más alto.) Con los ojitos azules y una voce- 
cita muy fina que diga (imitando la voz de un niño que bal- 
bucea.) ¡Papá! ¡papá! 

(con alegría imitando la misma voz.) Y ¡mamá! ¡mamá! 
Yo lo enseñaré á andar. 
Yo lo arrullaré cantándole. 
Yo lo llevaré al colegio. 

Y como será muy aplicado, acabará su carrera. 

(con entonación.) ¡De militar! Con su uniforme de Esta- 
do Mayor. 

Y en las revistas militares lo veremos pasar á caballo. 

Y gritaré ¡ese, ese es mi hijo! 

(con temor y pena.) Y se enamorarán las muchachas de él 
y esto es lo que yo siento, porque se puede casar y 
dejarnos. 

(con autoridad.) ¡Eso si que nó! ¡Eso si que nó! No le 
consiento que se case hasta que tenga mi edad. 
Así, así. 

Porque cuando me pida la autorización le diré (Ahue- 
cando la voz y con enojo.) ¡Es usted un mequetrefe! ¡Quíte- 
se usted de mi vista! 
(con disgusto.) No le riñas. 

Pues ya lo creo que le reñiré. Yo quiero que me 
respete. 



— 16 — 

Úrsula. (Enojada.) Puos yo no quiero que le riñas y me enfado. 

Patricio. Le riño porque lo merece. 

Úrsula. Pues yo no io consentiré. 

Patricio, (con autoridad.) Usted se callará y será la prudente. Le 
riño porque soy su padre. 

Úrsula. (Alzando la voz.) Y yo soy su madre. 

Patricio. (Más fuerte.) El padre tiene más autoridad sobre su hijo 
que la madre. ¡Pues tuviera que ver! 

Úrsula. (Transición.) Pero Patricio, Patricio, do te sofoques. 
¿Dónde está el niño? 

Patricio, (calmándose.) Es verdad, Úrsula. (Quejándose.) ¡Ay! ¡La 
pierna! Está visto que no me puedo excitar con nada. 

Úrsula, (con pena y resignación.) Bebamos la medicina. 

PATRICIO, (con tristeza.) Sí, bebamos. (Beben á la vez. Pausa.) 

Úrsula. ¡Vaya por Dios! Se me ha olvidado rezar mis devocio- 
nes al levantarme. ¡Qué cabeza la mía! Rezaré ahora. 
(Saca un rosario.) 

PATRICIO. (Tomando un diario del velador y leyendo.) El Liberal. "Noti- 
cia de sensación.,, Nó, no la leo. No estoy para sensa- 
ciones fuertes. 

Úrsula. (Rezando.) Santa María, madre.... 

Patricio. (Leyendo.) "En la parroquia de Santiago, Ciudad-Real, 
„ha contraído matrimonio un joven de noventa y dos 
„años con una chica de ochenta y cinco. La amorosa 
„pareja, verificada la ceremonia, salió en dirección á 
„Biarritz, donde piensa pasar la luna de miel. Acom- 
pañan á los reciencasados algunos agentes de em- 
presas funerarias.,, (Declamando con enojo.) ¡Pero estos 
periodistas todo lo han de echar á bromas! 

Úrsula. (Rezando.) Ruega por nosotros.... 

Patricio. (Leyendo.) "En la plaza de la Cebada cuestionaron ayer 
„dos individuos, resultando uno de ellos con una te- 
rrible puñalada en el estómago. La causa de la re- 
„yerta fué negarse la víctima á pagar á su agresor 
„diez duros que le debía.,, 

Úrsula. (Rezando.) Así como nosotros perdonamos á nuestros 
deudores, (se queda dormida.) 

Patricio. (Leyendo.) "Explosión de gas. Un naufragio. La mujer 



— 17 — 

„degol]ada. Bombas en París. Los anarquistas.., (Decla- 
mando.) [Qué de horrores! Esto quita el sueño al lucero 
del alba. ¿Oyes, Úrsula? ¿Oyes esto? Se ba dormido. 
¡Pobrecita! La noche ha sido tan mala.... (Bostezando.) 
Aaa.... (Leyendo entrecortado por el sueño.) &*■ juzgado de 
„guardia... intervino... prendiendo al... ama de cría...., 
(Queda dormido.) 



ESCENA VIH 
DICHOS y LUISA, á doco el DOCTOR 



Luisa. 



Doctor. 
Luisa. 
Doctor. 
Luisa. 

Doctoe. 
Úrsula. 



Patricio. 

Úrsula. 

Patricio, 

Doctor. 
Úrsula. 
Doctor. 



(üesde la puerta de la derecha.) ¡Señorita! (pausa. ) ¡Señorita; 
No contesta. (Entrando.) ¡Se han dormido! (Asomándose á 
la puerta de salida.) Pase usted. Doctor. Aquí están los 
señores, pero se han quedado dormido?. 
(Entrando.) Pues no ios despiertes. 
¡Es raro! Si se acaban de levantar. 
¿Han vuelto á tomar las medicinas? 
Sí señor. Hace poco me las pidieron. Aquí están los 
vasos. 

Entonces no es estraño. 

(Despertando y siguiendo el rezo.) Que estas en el cieío. (vien- 
do al Doctor.) ¡Ah! ¿Estaba usted ahí Dcctoi? Síe había 
quedado un poco embelesada. ¡Patricio! ¿Se ha dormi- 
do? ¡Patricio! Que está aquí.... 
(Despertando asustado.) ¡La mujer degollada! 
¿Qué estás diciendo? 

¡Jesús, qué horrible pesadilla! ¡Hola, Doctor, tanto 
bueno! 
Ya sé que están ustedes mejor. 

bl, señor. (Luisa se ya por la segunda déla izquierda. ) 

Me alegro mucho. Yo tenía un gran interés en que así 
sucediera, no tan sólo por que este es el deber de todo 
médico, sino también teniendo en cuenta que se trata 
de unos reciencasados á quienes debe sonreír la fe- 
licidad. 

3 



- 18 — 

Patricio. Muchas gracias por su atención y buenos deseos, y 
puesto que usted ha contribuido con sus conocimientos 
á nuestra dicha, yo espero que participe de ella que- 
dándose á almorzar con nosotros. 

Doctor. Yo.... 

Úrsula. Nada, no se admiten escusas. Yo tengo tanto gusto 
como mi marido y.... 

Doctor. Para los casados el primer día del matrimonio siempre 
es una molestia que una persona extraña.... 

UrsüLA. Nada de eso, para nosotros es una dicha más que usted 
acepte. 

Doctor. En ese caso acepto con mucho placer. 

Úrsula. (Toca el timbre.) Patricio, si te parece almorzaremos aquí 
porque esto está más abrigado que el comedor. 

Patricio. Bueno. 



ESCENA IX 
DICHOS y LUISA 



Luisa. (poria segunda izquierda.) ¿Qué mandan los señores? 

Úrsula. Coloca tres cubiertos en ese velador y sirve el al- 
muerzo. 

L,UISA. Está bien, señorita. (Luisa sale y entra por la segunda puerta 

de la izquierda con servicio para el almuerzo. ) 

Patricio. Pues sí, Doctor. Yo he verificado el matrimonio guar- 
dando el orden que en los Sacramentos establece el 
Catecismo. 

Doctor. ¿Sí? 

Patricio. Lo que usted oye. 

Doctor. Es raro; pero ¿y la Extremaunción? 

Patricio. Ya la tengo recibida. El año pasado tuve una pulmo- 
nía, de la que no creí escapar, y entonces.... 

Úrsula. Pues hay la coincidencia de que á mí me sucede lo 
mismo. Cuando, hace dos años, tuve el sarampión, me 
olearon. 

DOCTOR. Pocos casos habrá iguales. 



- 19 



Pateicio, 



Doctor. 

Pateicio. 

Doctor. 

Úrsula. 

Patricio. 

Luisa. 

Úrsula. 

Patricio. 

Úrsula. 

Doctor. 

Úrsula. 

Luisa. 
Doctor. 



Úrsula. 



Patricio. 

Doctor. 

Úrsula. 



Patricio. 



De modo que el matrimonio ha sido lo último. Es algo 
tarde. Mas como el orden de los factores no altera el 
valor del producto.... 

Hay casos en que el axioma matemático no suele ser 
exacto. 

¿De modo que usted cree?... 
Yo no puedo afirmar ni negar. 
¡Qué cosas tienes, Patricio! 
No mujer. Es que yo quería tener una opinión. 
(Que estará arreglando la mesa.) ¿Quieren los señores las 
chuletas muy asadas? 
¿Como te gustan á tí, Patricio? 
A la inglesa. 
¿Y á usted, Doctor? 
Lo mismo. 

Ya lo oyes, Luisa, solamente para mí la pone3 muy 
asadita. 

Esta bien, (sigue arreglando la mesa.) 

Me parece que el aire de esta habitación está un poco 
enrarecido por el humo de la chimenea, y convendría 
ventilarla un poco abriendo el balcón, porque puede 
volver la tos á molestar á la señora. 
Dice usted muy bien. Se nota un poquito de tufo. Voy 
á abrirlo. (Abriendo el balcón y asomándose.) ¡Qué mañana 
tan deliciosa; qué sol tan hermoso y qué vista tiene 
este balcón tan encantadora! Doctor, mire usted que 
jardín tan bonito, (ei Doctor se acerca.) Patricio, mira que 
palomar, (patricio se aproxima ) Mira aquella pareja como 
se arrulla. El palomo arrastrando las plumas alrede- 
dor de su compañera, en su lenguaje le dice palabras 
de amor. 

Y yo, Ursulita, arrastrando las piernas, hago lo mismo. 
Todo es arrastrar. 

Y dentro de la casita los pichones esperando la comi- 
da que le llevan los padres en los picos, (con tristeza.) 
¡Ay, Patricio, qué triste debe ser un palomar sin pi- 
chones! 

Es verdad. (Retirándose del balcón con el Doctor.) Doctor, ¿US- 



— 20 — 

ted crea que habrá pichones? (Luisa que está junto al velador 

se acerca.) 
LUISA. (con alegría.) Sí, señorito. 
Patricio. ¿Eh? 
Luisa. Que hay pichones. Yo los he puesto con tomates, no 

sé si le gustarán así. 
Patricio. Me gustarían más de otro modo, pero.... 
Doctor. D. Patricio, á falta de pan buenas son tortas. (Luisa se 

va segunda izquierda,) 



ESCENA X 

ÚRSULA, PATRICIO y el DOCTOR 



Úrsula. 

Patricio. 

Doctor. 

Úrsula. 

Patricio. 

Úrsula. 

Patricio. 

Úrsula. 
Doctor. 
Patricio. 



Úrsula. 
Doctos. 
Patricio. 



Úrsula. 



(Desde el balcón.) ¡Jesús! ¡Qué barbaridad! ( Se retira.) 

¿Qué te ha sucedido? 

¿Qué le pasa? 

¡Qué imprudencia! ¡Arrojar agua cuando hay personas 

debajo! ¡Me han puesto chorreando! 

¿Pero quién ha sido? 

Los vecinos del segundo. 

¡t¿ue estupidez. (Asomándose al balcón y mirando hacia arriba.) 

¡Oiga usted! 

Mire usted, Doctor, como estoy. 

Eso es un abuso. 

(En el balcón figura hablar con uno que está arriba.) -Bien podía 

usted haber mirado antes. ¿Qué? ¿Que no le dio la 

gana? ¡Es usted un estúpido! Se lo digo á usted aquí 

y en todas partes. ¿Que no? Cuando usted quiera. ¿Que 

soy un carcamal? Y usted es un alcornoque. (s e retira 

del balcón.) 

Patricio, por Dios, no te sofoques. 

Déjelo usted, D. Patricio, no le haga usted caso. 

¡rúes esta bueno! (corriendo hacia el balcón y con amenaza.) 

Nos veremos. ¡Vaya usted enhoramala! (Ketirándose del 

balcón.) ¡No faltaba más! 

No te comprometas. 



— 21 — 

Patricio. ¡Mojar así á mi mujerona! Ya te daré yo tu merecido. 
¡Pues bonito genio tengo! 

Doctor. Desprecíelo usted, D.. Patricio. Cada uno se porta se- 
gún su educación. 

Úrsula. Es verdad. 

Doctor. Ahora lo que conviene es secar el cabello á la señora 
porque el agua puede hacerle daño. 

Patricio. Tiene usted razón. ¿A ver Ursulita? Te quitaré la 
COÜa. (g e la quita y con un pañuelo figura secar el cabello áUrsula.) 
¡Estás empapada en agua! ¡Pobrecita mía! (a uno délos 
movimientos que hace con el pañuelo se desprende la peluca de Úr- 
sula cayendo al suelo y dejando ver uua calva que puede ser comple- 
ta ó estar reducida á toda la parte superior de la cabeza. Patricio al 
verla retrocede asombrado.) ¡Pero Dios mío! ¿Qué 6S esto? 

Úrsula, (con humildad.) ¡Patricio! 

Patricio, (con asombro.) ¡Úrsula! 

Doctor. ¡Señora! 

Úrsula. Te explicaré.... 

Patricio. ¡Usaba peluca! ¡Dios mío, qué desencanto! 

Úrsula. Yo.... no.... creí.... 

Patricio, (con enfado.) ¡Me has engañado! 

Úrsula. Yo.... 

Patricio. Creía conocerte y me equivoqué. 

Úrsula. Yo pensé.... 

Patricio. ¿Que no se descubriría nunca, verdad? 

Úrsula, (suplicando.) Pero.... 

Patricio. (Enojado.) Nada. Lo dicho, señora. Ha sido un abuso 
imperdonable. ¡Usar peluca! ¡Usar peluca! Cuando lo 
que más me enamoró fué el cabello. 

ÚRSULA. (Acercándose á Patricio y con humildad.) ¡Patricio mío! 

r ATRICIO. (volviendo la cara á otro lado para no verla y con enfado.) Quíte- 
se usted de mi vista con esa cabeza. 

Doctor. D. Patricio, calma, vea usted.... 

r ATRICIO. (Hace dos ó tres movimientos para volver la cara y se arrepiente, di 
ciendo con decisión.) Doctor, no puedo mirarla. 

Doctor. Vamos, un abrazo á su mujer y todo acabó. Sea yo 
el lazo de unión en el nuevo matrimonio, y pelillos á 
la mar. 



— 22 — 

Patricio, (casi tranquilo.) Nó, Doctor, á la mar nó, que se ponga la 

peluca. 
Doctor. Sí, y un abrazo á su marido. 
ÚRSULA, (se pone la peluca y abraza á Patricio.) ¡Patricio! 
PATRICIO. (Abrazándola resignado.) ¡Úrsula! 



ESCENA XI 



DICHOS y LUISA 

Luisa. (con un plato por la segunda izquierda.) Cuando los señores 

quieran ya está el almuerzo. 
Doctor. A la mesa. 
Patricio. Sí, a la mesa. 
Úrsula. Aquí, Doctor. (Le indica un lado.) Y tú aquí, Patricio. 

(Se sientan. Úrsula enmedio.) 

Patricio. Luisa, sirve vino, (misaio sirve.) 

Úrsula. Doctor, una poca de tortilla. 

Doctor. Me gusta. 

Patricio, (a Luisa.) Dame pan que esté cocido. 

Úrsula. Yo lo quiero clarito, Luisa. 

Doctor. (Brindando con una copa.) Porque muchos años nos veamos 

como hoy. A la salud de los reciencasados. 
Úrsula. Gracias, Doctor. 

Patricio. Toma, Ursulita, un poco devino, (se lo ofrece.) 
Úrsula. Nó, tú primero. 
Luisa. (sirviendo otro plato.) Las chuletas, (a Úrsula.) Esta para 

usted. 
Patricio, (comiendo.) Están muy ricas. Más vino, Doctor. 
Doctor. Bien, pero tiene usted que tomar otra copa. 
Patricio. Ya lo creo. Si es mi vino favorito. Jerez. ¿Será malo 

para el reuma? 
Doctor. No señor. Dos ó tres copitas son convenientes, (a media 

voz á Patricio.) ¡Vaya sisón convenientes! 
Patricio. En ese caso tomaré cuatro. (Bebe.) 
Úrsula. No te vayas á marear. 
Patricio. ¿Marearme yo? Necesitaría un tonel. 



— 23 — 

i 
Doctor. Déjelo usted, señora. Esto anima y fortalece, sobre 

todo para.... 
LUISA. (interrumpiéndole y presentando un plato.) ^ os pichones. 

Doctor. Para la digestión, es muy conveniente. 
Úrsula. Doctor, un pichón, (lo sirve.) 
Doctor. Sea. 

Úrsula, (con cariño.) Y tú, Patricio, ¿cuántos quieres? 
Patricio. Monina, los que tú me des. 

Doctor. (Aparte áursuia.) Vé usted como el vino hace olvidar.... 
Úrsula. (Aparte ai Doctor.) Cierto. 
Patricio. Sírveme lo que quieras. 

Úrsula, (sirviéndole.) Prueba con uno, y si te gusta, te daré otro. 
Doctor. Están riquísimos. Mi enhorabuena á la cocinera. 
Luisa. Gracias, señorito. 
Doctor. Por supuesto, que de una cocinera que tiene esa cara, 

no se podía esperar otra cosa. 
Patricio. (Muy animado y mirando á Luisa.) Es verdad. Es verdad. 
Úrsula. (Algo contrariada.) Luisa, vé preparando el café. 

LUISA. Voy, señorita, (se va por la segunda izquierda.) 



ESCENA XEI 



ÚRSULA, PATRICIO y el DOCTOR 



Úrsula. 
Patricio. 



Doctor. 
Patricio. 

Úrsula. 

Patricio. 

Doctor. 

Patricio. 



Están muy buenos. 

¡Vaya si lo están! Están tan tiernecitos, que me como 
hasta los huesecillos. Doctor, más vino. Ursulita, to- 
ma, toma esta pechuga. Abre la boca. Ajajá. 
Así me gusta, que los matrimonios se quieran, 
(con decisión.) Pero si yo la quiero con toda mi alma. 
¿Verdad, rica? 

Verdad, Patricio mío, y yo á tí con todo mi corazón. 
Doctor, dispense usted estas expansiones, pero.... 
Nada, son muy naturales, antes al contrario, yo gozo 
al presenciarlas. 

(Muy contento.) Ahora me como este muslito. (Lanzando un 
grito. ) ¡jAhü 



- 24 — 

Úrsula. (Asustada.) ¿Qué es eso? 
Doctor. ¿Qué le pasa? 

PATRICIO, (sin poder hablar señala su garganta.) ¡Ah. 

Úrsula. (Muy apurada.) ¡Que se aboga, Doctor, que se ahoga mi 
Patricio! ¡Pronto! ¡Pronto! 

DOCTOR. (Levantándose.) No hay cuidado. 

Úrsula. Debe ser algún bueso que se le ba atravesado en la 
garganta. 

DOCTOR. (Acercándose á Patricio saca de una cartera unas pinzas, le ábrela 
boca y mira.) En efecto, es un bueso. Quieto, Estése us- 
ted quieto. 

Úrsula. (Muy apurada.) ¡Por Dios, Doctor, salve usted á mi ma- 
rido! 

DOCTOR. No hay temor, señora, (introduce laspinzas por la boca de Pa- 
tricio y saca con ellas un objeto que figurará ser las muelas. Para ello 
se colocará de espaldas al público.) J.a esta aquí. 

Úrsula, (con ansiedad.) ¿A ver? ¿A ver? (Asustada.) ¿Pero Doctor, 
le ha sacado usted cuatro muelas? 

PATRICIO- ¡Ay. (Dejando caer desde la boca al suelo un objeto que figurará 
media dentadura. Desde este momento hasta el final de la obra, Pa- 
tricio hablará escapándosele el aire al pronunciar por la falta de los 
dientes.) ¡Qué fatigas he pasado! 

ÚRSULA. (Recogiendo la dentadura.) ¿Pero qué es esto? ¡Todos los 
dientes y muelas! (con asombro.) ¡Era una dentadura ar- 
tificial! ¡Qué horror! (La coloca sobre el velador.) 

Patricio- Gracias, Doctor, me ha salvado usted de una muerte 
segura. 

Doctor. He cumplido con mi deber. 

ÚRSULA. (Enojada.) Pero Patricio, ¡qué engaño! ¡Eran postizos! 

Patricio. Postizos, pero mejores que los naturales, 

ÚRSULA. (Afligida. ) ¡Tanto como me gustaban sus dientes y no 
eran suyos! 

PATRICIO, (cogiendo la dentadura.) Si señora, que son míos. Me han 
costado mil pesetas. 

ÚRSULA. ¡Jesús! Con la boca sumida ¡qué raro estás, Patricio! 
¡Tú no eres Patricio! 

PATRICIO. (Contemplando la dentadura que tendrá en la mano.) ¡Que las- 
tima! ¡Tan bien hecha como estaba! ¡Dos pedazos! Y 



aquí faltan los caninos. ¿Me los habré tragado? Nó, 
nó, deberán estar por el suelo, (jiiraai suelo buscando.) 



ESCENA ULTIMA 
TODOS 



Luisa. 
Patricio. 
Luisa. 
Patricio. 

► Luisa. 
Patricio. 
Luisa. 
Úrsula. 
Patricio. 
Úrsula. 
Patricio. 



Úrsula. 

Doctor. 

Úrsula. 

Patricio, 

Doctor. 

Úrsula. 



Patricio 
Doctor. 



Luisa. 



(Por la segunda izquierda con una cafetera.) j-*i Cale. 
(Llamándola.) ¡Luisa! 
¿Qué manda usted? 

Acércate. Ten cuidado, cuando barras, con mis dien- 
tes, ¿eb? 

(Con estrañeza.) ¡Señorito! Yo no barro tan alto. 
Nó, muchacha, si es que se han caido por el suelo. 
¡Ya!... 

(Enojada.) ¡Eugañarme, engañarme así! 
Úrsula, no tienes razón para enojarte. 
Sí la tengo. 

No la tienes, porque es mucho peor usar pelos artifi- 
ciales que dientes artificiales. Los pelos no sirven 
para nada, y los dientes sirven para muchas cosas. 
Pues yo no me conformo. 

Doña Úrsula, creo que tiene razón D. Patricio. 
Pero me has engañado. 
Como tú ámí. 

Por lo que aquí viene de molde la teoría de las com- 
pensaciones. Un engaño compensa el otro, 
(con tristeza.) ¡Patricio! Y decías que cada cual sabía el 
pie de que cojeaba el otro; que el matrimonio se debía 
hacer en la edad de la esperiencia, porque era un 
asunto muy trascendental.... 
Y tan trascendental como es. 

Desengañarse, amigos míos. Los años dan experien- 
cia, pero no tan completa como fuera de desear. Esta 
es la vida, y así hay necesidad de tomarla, de modo 
que á hacer las amistades y.... 
¿Sirvo el café? 

4 



— 26 — 

Doctor. Eso. A tomar una taza de café. 
Úrsula, (con pena.) ¡Patricio! 
Patricio, (m.) ¡Úrsula! 
Úrsula. ¡Qué viejos somos! 
Patricio. ¡Qué viejos! 
Doctor, (ai público.) 

Para alivio de sus males 
la receta está indicada; 
Público, da una palmada 
á los novios carcamales. 



TELÓN. 



MOTA. — Gracias á laSra. Coronado y al Sr. Echaide que, por la 
buena interpretación que hicieron de sus repectivos 
papeles, contribuyeron al éxito de esta obrita. 

G. y M. 



DEL MISMO AUTOR 



LOS GEMELOS, juguete cómico en un acto y en prosa. 

A SOLAS CON TODO EL MUNDO, monólogo cómico 
en prosa. 

LOS MONIGOTES, juguete cómico en un acto y en prosa. 



PUNTOS DE VENTA 



MADRID 



Librería de los Sres. Viuda é Hijos de Cuesta, calle de 
Carretas; de D. Fernando Fé, Carrera de San Jerónimo; de 
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tas, y de D. S. Calleja, calle de la Paz. 



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tamente á esta Administración acompañando su importe en 
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